NUESTRA HISTORIA · CRIADERO SIMA

Una pasión que
encontró su camino.

De los primeros paseos en San Vicente y Alejandría a un proyecto de crianza en Colombia. La historia de Wilson Aguilar y la familia que da nombre a Sima.

Así comenzó todo
Novedoso de la Seda, reproductor de paso fino colombiano de Criadero Sima
Novedoso de la Seda · Hoy en Criadero Sima

Pepe y los primeros recuerdos

Mis primeros recuerdos montando vienen de cuando éramos muy pequeños. Mi papá tenía una finca en San Vicente y allí disfrutábamos de Pepe, un burro que todavía tiene un lugar especial en nuestra historia.

En Pepe montábamos mi primo Leoncio Diosa, que en paz descanse, mi hermano Alexander Aguilar y yo. Recorríamos las montañas cantando: «Todo está bien, todo está muy bien, no pierdan la calma, todo está bien».

Hasta que Pepe agachaba la cabeza y nos mandaba a rodar por las lomas. Entre aquella canción y las ocurrencias del burro quedaron algunos de los recuerdos más vivos de nuestra infancia.

La Castalia y La Nena

Después vinieron las primeras yeguas en las que montábamos: La Castalia, de color bayo, y La Nena, de color moro y muy briosa. Eran de mi papá y con ellas siguió creciendo aquella afición desde muy niños.

En Alejandría también montábamos en los caballos de César Valencia. Mi papá le pedía el favor de que nos los prestara y así íbamos sumando paseos y experiencias. Mucho antes de imaginar un criadero, ya disfrutábamos de los animales en familia.

El primer Frenesí

Yo tenía alrededor de catorce años y ya compartía con mi hermano Alexander Aguilar un restaurante en el centro de Medellín. Un día llegó con una noticia que no esperaba: habíamos comprado un caballo.

Fuimos a conocerlo. Era zaino y de paso fino. En su registro figuraba como El Dandy, pero nosotros lo llamamos Frenesí. Con él comenzó una nueva etapa de aquella afición que nos acompañaba desde la infancia.

Los primeros caballos, las primeras raíces

Después llegó Bala Perdida de Villa Adriana, una potranca mora de paso fino. Fue otro de los animales que hicieron parte de aquellos años de juventud.

Más adelante, en Alejandría, vi pasar por el parque una yegua castaña trochadora. Estaba flaquita, feíta, pero me llamó la atención y se la compré al señor que la tenía, un carnicero de Alejandría al que le decían La Loba.

Era hija de Kalimán, un caballo que había tenido mi papá. Con el tiempo la puse hermosa.

Bello: cabalgatas en familia

La castaña me la llevé para Bello, donde teníamos las pesebreras, donde Mario Duque. En esa época montábamos con mis tíos Hernán Aguilar y Javier Aguilar dos o tres veces por semana.

Hacíamos unas cabalgatas espectaculares por Bello. Mis tíos fueron parte fundamental de esos primeros pinitos de la adolescencia: salíamos a montar y compartíamos una afición que ya venía de nuestros años de infancia.

Poco después me fui a vivir a Estados Unidos. Los animales se vendieron, pero aquellos recuerdos y las ganas de seguir montando se fueron conmigo.

Una pasión que cruzó fronteras

Años más tarde, durante una visita de mi papá a Estados Unidos, fuimos juntos a ver caballos donde Nelson Primos, un chileno muy querido que él había conocido en Medellín. Nelson era el dueño de Delirio de Valparaíso.

Con el tiempo le compré un hijo de aquel caballo. Fue el primer potro que compré en Estados Unidos y lo llamé Frenesí de Valparaíso, un nombre que ya tenía un lugar en mis recuerdos.

No todos los proyectos dieron el resultado que esperaba. Después llegó La Zaragoza, una yegua mora que recuerdo con especial admiración. La llevé a una finca en Southwest Ranches, cerca de Weston, y allí conocí a Germán García-Herreros, el Toché. Nos hicimos socios y comenzamos a criar juntos.

Novedoso y un nuevo rumbo en Colombia

Con los años fueron naciendo potrancas y el grupo de animales creció. Mantenerlos representaba un esfuerzo importante, especialmente en una época económica difícil. Fue entonces cuando el proyecto necesitó tomar un nuevo rumbo.

En una conversación con Germán acordamos compartir el proyecto de Novedoso de la Seda. Acepté adquirir la mitad del caballo y asumir las decisiones sobre su camino. Después tomé una decisión que marcaría esta historia: llevar los caballos a Colombia.

Allí comenzamos a desarrollar a Novedoso como reproductor. La ilusión estaba en sus crías y en lo que podíamos construir alrededor de su genética. Esa decisión le dio un rumbo nuevo a una pasión que me acompañaba desde niño.

Sima: el nombre de lo que continúa

Hoy ese recorrido lleva el nombre de mis hijos: Simón y Mateo. De sus nombres nace Sima. En él se reúnen los recuerdos de nuestros primeros caballos, los aprendizajes de tantos años y los proyectos que seguimos construyendo como familia.

Novedoso de la Seda ocupa un lugar central en nuestra línea de paso fino colombiano. A su lado crecen la crianza de asnales Pêga y el proyecto de mulares, con el sueño de desarrollar mulas de silla de paso fino y con las experiencias de silla, vaquería, trabajo y recreo que ya hacen parte del criadero.

Cada nueva cría abre otro capítulo de esta historia.

SIMÓN + MATEO

Una historia que se recuerda.
Una pasión que se hereda.

Sigue leyendo: el sueño Pêga

SEGUNDA PARTE · EL PROYECTO PÊGA

El sueño de criar mulas
para disfrutar en familia.

Las cabalgatas con Edison Aguilar, mi esposa y mis hijos pequeños encendieron una pasión que me llevó hasta Brasil y al sueño de criar mulas de silla de paso fino.

Una afición que se volvió proyecto
Garoto de Sima, reproductor Pêga brasileño, de cuerpo completo
Garoto de Sima
Felina, burra Pêga del Criadero Sima, de cuerpo completo
Felina

Las cabalgatas que me enamoraron de las mulas

Durante mis viajes a Colombia, después de varios años viviendo en Estados Unidos, descubrí mi pasión por las mulas en unas cabalgatas extraordinarias con mi primo Edison Aguilar, mi esposa y mis hijos, que entonces tenían apenas dos y tres años.

En Titiribí hacíamos cabalgatas larguísimas, de hasta ocho horas, atravesando montañas y cordilleras. Simón apenas tenía tres años y montaba solo en Latino, un macho mular que tengo. Mi esposa iba en una silla doble con mi otro hijo, Mateo. Yo disfrutaba viendo la felicidad de mis hijos y de mi esposa.

También hacíamos cabalgatas por La Estrella hasta un lugar al que le dicen La Laguna Azul. Recuerdo además las salidas por toda La Corrala, atravesando las montañas hasta llegar a unas cascadas donde nace el río Medellín. Compartir esas experiencias en familia fue lo que me enamoró de las mulas.

De algunas cabalgatas con mi papá guardo también un recuerdo especial: el macho que él me prestaba mientras montaba en un caballo. No siempre era fácil subirme, porque aquel mular prefería que lo montara él, pero una vez en camino yo disfrutaba cada recorrido.

La pregunta que abrió el proyecto

El caballo fino me enamoró de la suavidad; las mulas, de los caminos largos. Siempre he pensado en cuidar el esfuerzo de cada batida y en disfrutar del fino en montas breves.

Entonces me enamoré de una pregunta: si un caballo fino es tan cómodo, ¿cómo se sentirá una larga cabalgata en una mula fina? Ahí nació este sueño de suavidad, fortaleza y caminos compartidos.

Con Novedoso de la Seda y las yeguas de cría que había llevado de Estados Unidos, quería explorar ese sueño eligiendo con igual cuidado al burro y a la yegua.

Una búsqueda que llegó hasta Brasil

Comencé a investigar, a mirar fotos y videos y a conversar con criadores. Así llegué a los asnales Pêga de Brasil. Buscaba animales cuya manera de desplazarse me acercara al sueño de criar mulas de silla de paso fino.

Hablar portugués me facilitó las conversaciones. Durante mucho tiempo pregunté, comparé y seguí aprendiendo. En los animales que iba conociendo me llamaban la atención las orejas prominentes, la musculatura, el tamaño y la energía. Buscaba también algo que siempre he valorado en los caballos: nobleza y brío.

Garoto, Felina y una decisión de familia

Finalmente elegí un grupo de dos machos y dos hembras. Entre ellos estaban Garoto y Felina. La presencia de Garoto, su cabeza y sus orejas reunían mucho de lo que venía buscando. Hoy su alzada es de 1,43 m.

Felina despertó en mí una admiración especial. Me enamoraron su expresión femenina, sus cabos finos y sus hechuras. Para mí, reunía mucho de lo que soñaba encontrar en aquella búsqueda.

Llevaba mucho tiempo viendo animales y pensando en el proyecto cuando, el 21 de septiembre de 2021, hice el primer pago. Aquel paso convirtió la búsqueda en un compromiso con la crianza que quería construir.

Cincuenta días de incertidumbre

El viaje duró alrededor de cincuenta días y fue mucho más difícil de lo que había imaginado. Hubo esperas, pausas y momentos en los que parecía que el recorrido no iba a terminar. Algunos días lloraba; otros, una buena noticia me devolvía la esperanza.

Seguía cada novedad con la preocupación de que los animales pudieran descansar, comer y continuar. Hubo momentos en los que temí perder a uno de ellos. Antes de tenerlos frente a mí, ya sentía un vínculo profundo con aquellos animales.

En octubre de 2022 llegaron a Colombia, alrededor de un año y un mes después de aquel primer pago. Pudieron descansar antes de continuar hasta su destino. Verlos después de tanta incertidumbre fue una alegría enorme. Cada día de preocupación había hecho crecer aún más mis ganas de conocerlos y cuidarlos.

Una ilusión para compartir en familia

La llegada fue el comienzo de otra etapa de aprendizaje. Los machos no habían tenido contacto con yeguas en el criadero de origen y el trabajo reproductivo con ellas requirió adaptación. Con el tiempo fuimos encontrando la manera de avanzar.

Durante la travesía pensaba mucho en mis hijos. Soñaba con que Simón y Mateo pudieran disfrutar las mulas que nacieran de este proyecto y compartir con ellos la alegría que habíamos vivido en nuestras cabalgatas familiares.

De ahí toma sentido el nombre Sima. Nuestro propósito es unir las cualidades que valoramos en la crianza Pêga con una selección cuidadosa de las yeguas. El sueño de las mulas de silla de paso fino sigue presente, junto a los proyectos de paseo, vaquería, trabajo y recreo que también nos ilusionan.

Buscamos nobleza, brío, fortaleza y buenos andares. Cada cruce y cada nueva cría nos permiten conocer mejor ese camino.

SIMA · SIMÓN Y MATEO

Hoy sueño con cabalgar junto a las personas que más quiero en las mulas de este proyecto: mulas de silla de paso fino.

Conoce los mulares de Garoto

FAMILIA Y RECUERDOS

Las personas detrás del sueño

La familia y las experiencias compartidas también forman parte de la historia de Sima.

Ver el álbum de fotos
Dos niños con sombreros, ropa negra y pantalones de camuflaje junto a un prado.
04

El corazón de Sima

Las nuevas generaciones, parte del sentido de este proyecto.

Una pareja vista de espaldas cabalga por un camino rural tomada de la mano.
07

Juntos, a paso tranquilo

Un camino que también se comparte de la mano.

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